© Arlene R. Taylor, PhD
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Reconocerás tu propio camino cuando lo encuentres, porque repentinamente tendrás toda la energía y la imaginación que puedas necesitar.
—Jerry Gillies

articles 181025Una mujer entró  repentinamente en mi oficina como empujando una pared de vibrante emoción frente a ella. Sin siquiera saludar, dejó oir su voz rompiendo la quietud del silencio “Mi tía,” comenzó ella, “asistió a una de sus presentaciones, y llegó a casa comentando que usted dijo que los cerebros que empatizan y sistematizan describen una inclinación a  ceder o a ser flexibles. Y estoy aquí para decirle que yo no tengo esa inclinaciòn. ¡Nunca la he tenido! Por otra parte, no intento ser flexible porque NO es una VENTAJA!”

Esa dama obviamente estaba empeñada en una misión.
Francamente, además de las palabras que prácticamente se lanzaron en mi dirección, lo primero que noté fue su barbilla, elevada hacia el frente, (si saben a qué gesto me refiero).

Antes de que yo pudiera elaborar una respuesta apropiada, la mujer continuó. “¿Y de dónde proviene la palabra flexible y cómo aplicarla a las personas? Los árboles tienen flexibilidad natural.”

“Correcto,” le respondí, amablemente. “Los árboles a veces tuercen sus ramas con flexibilidad. Sin embargo, en el contexto de la función cerebral, ¡esa es una ventaja!” Hice una pausa para observar su reacción.

“Con respecto al cerebro, inclinarse a la flexibilidad, se refiere a los talentos naturales que posee su cerebro basadp en sus dones innatos.”

Ella me miró fijamente por un prolongado momento, y, acariciando su barbilla, dijo con lentitud, “Me llamo Francie, y rara vez me equivoco.” "Ese puede ser uno de sus talentos o una habilidad,” dije, sonriendo. “En cierto modo, sería maravilloso que raramente estuviéramos equivocados, aunque eso podría ser bastante impopular si usted publicara ese don.”

“Bueno, pero, ¿qué acerca de empatía y sistematización? Supongo que usted también tiene una pomposa explicación al respecto.”

“Eso no es pretensioso,” le contesté riéndo entre dientes. “Son palabras fundamentales. La empatía se relaciona con la capacidad de identificar y comprender los pensamientos y sentimientos de los demás, para responder a ellos con emociones apropiadas, y esforzarse por mantener la armonía en toda relación.”

Noté que Francie apartaba la mirada, creo un poco tímidamente. Sin embargo, continué. “La sistematización se relaciona con la intensidad de interés en los sistemas, especialmente en analizarlos, construirlos y organizarlos. Si bien los seres humanos son una mezcla de ambos, en la mayoría de las culturas, si no en todas, los cerebros que empatizan se suponen ser de las mujeres y los cerebros que sistematizan se encuentran más en los hombres.”

“Puede acomodarse en un asiento, Francie,” le dije. “Elija: taburete o silla. Tengo un cuadro que le gustaría ver.” Desenrollé un pedazo de papel de aproximadamente 6 pulgadas de alto y 12 pulgadas de ancho y lo alisé en mi escritorio. “Aunque los cerebros humanos son más parecidos que diferentes, hay algunas diferencias. Por ejemplo, los hombres y las mujeres tienen hormonas idénticas pero en diferentes proporciones. Los hombres tienden a tener más testosterona y las mujeres tienden a tener más estrógeno. De manera similar, tanto el cerebro masculino como el femenino contienen funciones empáticas y sistematizadas. Sin embargo, los cerebros femeninos tienden a ser más empáticos y los cerebros masculinos tienden a ser más sistemáticos. También hay un pequeño porcentaje de cerebros que se cree que son 50:50 en términos de empatía y sistematización. El investigador Dr. Simon Baron-Cohen ha calculado que el 95% de la población mundial puede representarse en esta ilustración pictórica.”

Continuo de Genero

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Francie estudió la sencilla tabla. “¿Por qué sólo el 95%?” Preguntó.

“Buena pregunta. Quizás porque hay algunos seres humanos cuyos cerebros no coinciden con los cuerpos que los contienen. Un cerebro femenino puede estar alojado en un cuerpo masculino y viceversa.”

“Bueno,” dijo Francie, en tono un poco agresivo: “Yo estoy muy interesada en los sistemas. ¿Trata usted de etiquetarme como un cerebro masculino en un cuerpo femenino?”

“Difícilmente,” respondí, riendo entre dientes. “En primer lugar, las investigaciones de hombres y mujeres tienden a ser reportadas en forma de generalizaciones, conclusiones que siguen la norma estadística, y generalmente se aplican por lo menos a dos tercios de la población, pero no necesariamente a toda la población.”

“Lo sé, interrumpió Francie. “Yo no soy una mujer típica. Entonces, ¿en qué ha fallado la investigación?”  

“Las diferencias individuales no invalidan la investigación, simplemente ejemplifican la singularidad individual. Nunca ha habido un cerebro como el suyo en este planeta, y nunca lo habrá. En parte porque cada pensamiento que un cerebro piensa cambia su estructura, y nadie piensa exactamente los mismos pensamientos. Osho lo indica en la siguiente forma:

Desde el principio se nos dice que nos comparemos con los demás. Esta es como la más grande enfermedad; como un cáncer que destruye su alma porque cada individuo es único y la comparación no es posible. Yo soy solo yo, y usted es solo usted mismo. No hay nadie más en el mundo con quien pueda compararse.”

Hice una pausa. Francie asintió.

“Ningún ser humano es 100% empático o sistemático. Las mujeres que son principalmente empáticas pueden ser organizadas, seguir instrucciones paso a paso, y pueden ser analíticas y estar interesadas en los sistemas. Los hombres que principalmente son sistemáticos, pueden aprender a ser empáticos, a identificar y tratar de entender los pensamientos y sentimientos de los demás, a responder adecuadamente a las emociones, y esforzarse por armonizar en sus relaciones.”

Al ser tú mismo, pones algo maravilloso en el mundo que antes no existía.
—Edwin Elliot

Me encanta estudiar la ciencia de la función cerebral,” agregué, “¿Puede darse cuenta?”

“Oh, si puedo,” dijo Francie, y lo que podría pasar por una sonrisa se dibujó en su rostro brevemente. “Entonces, ¿quién es mejor en tareas múltiples? Déjame adivinar: ¡Las mujeres!”

“Curiosamente, estudios han demostrado que el cerebro humano no está diseñado para realizar simultàneamente múltiples tareas,” le dije. “Los intentos de realizar múltiples tareas a la misma vez, hacen que el cerebro funcione de manera menos eficiente. Tanto el ì índice de error como la fatiga aumentan con los intentos de realizar múltiples tareas a la vez. Habiendo dicho esto, los cerebros sistemàticfos son capaces de “realizar mùltiples tareas simultáneamente,” lo que significa que pueden hacer dos tareas diferentes al mismo tiempo, siempre que cada tarea esté dirigida por un hemisferio diferente.”

“¡Continúa!” Dijo Francie.

“Un hombre puede armar un juguete para su nieto usando su hemisferio derecho y hacerlo sin leer las instrucciones, mientras que al mismo tiempo está manteniendo una conversación con su hemisferio izquierdo sobre un tema totalmente diferente. Los cerebros femeninos no funcionan con múltiples tareas simultáneas. Pueden alternar rápidamente cambios de atención y hacerlo razonablemente bien, siempre y cuando solo estén haciendo dos tareas. Más de eso, el índice de error aumenta significativamente.”

El lenguaje corporal de Francie mostraba signos de relajación y sus manos ya no estaban fuertemente apretadas. Me arriesgué a decir: “Yo crecí en un sistema de familia donde los niños eran considerados más importantes que las niñas. Y donde lo que a una chica se le permitía hacer encajaba en un cuadro mucho más estrecho de opciones en comparación con las de un niño.”

Yo no proseguí, cuando de pronto Fracie exclamò acaloradamente. . . “¡No tienes la MENOR IDEA!  “Tengo siete hermanos. Mi madre murió cuando yo tenía nueve años, y mi padre nunca se volvió a casar. Desde entonces escuché una y otra vez que yo solo era buena para la cocina, la limpieza y las tareas domésticas. Eso me enojaba mucho. ¡Una vez les dije que cualquier cosa que ellos pudieran hacer yo podría hacerlo mejor!

“Oh!" Exclamé.” ¿Tenías nueve años y te hiciste cargo de la cocina, la limpieza y las tareas domésticas? Podría apostar a que muy pocas chicas de esa edad podrían haber logrado eso. ¡Debes tener la inclinación a múltiples flexibilidades!”

Tuve que sonreír, y esta vez ella también. “Entonces, ¿qué a cerca de establecer y alcanzar metas?”

“Todos los cerebros pueden establecer y lograr objetivos, y lo hacen. Sin embargo, generalmente los cerebros sistematizados son más orientados hacia objetivos, mientras que las mujeres son más orientadas hacia experiencias. Se sabe que la sistematización de los cerebros masculinos los conduce a no distraerse con cualquier cosa, exceptuando lo que les ayude a lograr su objetivo. Pero eso les puede costar caro en términos de relaciones personales.”

“¿Y las emociones?” Preguntó Francie.

Tu no existirías si no tuvieras algo que traer a la mesa de la vida.
—Herbie Hancock

“Es más probable que los empatizadores expresen las emociones verbalmente, algunos incluso a través de lágrimas. Los sistemàticos tienden a expresar sus emociones más a través de acciones que de palabras. Por ejemplo, patear al gato, embriagarse, o salir intempestivamente y chocar el auto.

“Algunos estudios han demostrado que los hombres tienden a mosrar enojo incluso cuando sienten temor o tristeza; Las mujeres tienden a mostrar miedo o tristeza aùn cuando están enojadas. Esto puede deberse a una combinación de factores que incluyen la socialización.”

Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su capacidad para trepar a un árbol, pasará toda su vida creyendo que es estúpido.
—Albert Einstein

Francie miró su reloj. "Una pregunta más, por ahora. Hábleme de los hombres en comparación con las mujeres, con respecto a la competencia. Mis hermanos compiten por todo y en todo, excepto en hacer algo para ayudar en la casa. Lo juro, es como extraerles dientes, para que lleven sus platos sucios a la cocina. Mis hermanos son criaturas egoístas.

 “Se trata de competir, ¿no es verdad?” Pregunté. "Esa es una pregunta complicada porque varias cosas juegan en el nivel de competencia que coinciden con la zona confortante de una persona. En comparación con los empatizadores, los sistematizadores tienden a ser más competitivos frente a otros, a menos que los empatizadores compitan con otros por la atenciòn de un sistematizador. ¿Por casualidad te estás comparando con un estereotipo?

Francie en realidad se echó a reír a carcajadas. Con una risa franca y agradable.

"El nivel de extroversión de una persona también afecta la competencia. Cuanto mayor sea la extroversión, mayor será la probabilidad de que el individuo gravite hacia la competencia.

Continuè. “Además, los niveles de testosterona parecen potenciar tanto la competencia como la asertividad. Dado a que los hombres tienden a tener niveles más altos de testosterona, exhiben más asertividad y competitividad. Y si acaban de jugar un juego emocionante o que lo hayan visto en la televisión, su testosterona puede propulsarse en forma dramática, algo que parece no ser universalmente cierto en los cerebros empáticos.

"¿Lo afirmo y lo sé?", Exclamó Francie. “Más de una vez mis hermanos cambiaron su actitud drásticamente en la sala de nuestra casa cuando no estaban de acuerdo con  qué equipo debería ganar. Sin embargo, nunca parecían guardar rencor. Y cada uno cumplía con limpiar su lugar. "Mi padre se mostraba inflexible acerca que yo NO tenía que limpiar después de que ellos tuvieran tenido una pelea de comida, o se hubieran golpeado uno al otro.”

Esta vez es mi turno de reír a carcajadas. “Solo tuve un hermano, ¡aunque él tenía mucha testosterona! En general, me gusta relacionarme con cerebros sistematizados. Disfruto las diferencias y su singularidad. Ninguna de estas diferencias, tendencias o inclinaciones nos obliga a funcionar en un estilo específico. Eso se deja a la elección personal.”

Eres tan asombroso como te dejas ser. Repito que eres tan asombroso como te dejas ser!
Elizabeth Alraune

“Humm,” reflexionó ella. “Soy absolutamente honesta, creo que he permitido que las expectativas me excluyan de algunos comportamientos y reacciones que se alinean mejor con lo que yo soy  innatamente, una mujer con màs inclinación empática. Pero tal vez algo menos de empatía si se compara con algunos cerebros femeninos.”

"Sí, bueno, eso puede suceder", le contesté. "La buena noticia es que a medida que aprenda más sobre el cerebro en general y el suyo en particular, usted podrà elegir cómo quiere reaccionar.”                                                                                         

Francie recogió sus cosas, listas para partir. "¿Podría volver y hablar con usted otra vez?” Preguntó. "Creo que a mi cerebro le gusta el suyo.”

¡Absolutamente! Le contesté.

Ahora sin altivez, con gesto diferente, y aparentemente con una nueva misión para celebrar su propia inclinación y singular flexibilidad.

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